sábado, 30 de abril de 2016

Progreso

La mujer era, para los griegos, la queja, la debilidad:
una Xantipa que desprecia Sócrates sus lágrimas.
Hoy una inglesa incesante durante el recorrido de un tren
escribe la ecuación para entender el gravitón y los fotones.
Y también, para los griegos, eran débiles los bárbaros.
Esos mismos que siglos después nos donaron a Bach e inventaron los ferrocarriles.
(Ay!!, pero cuantas cosas aún vivas y abiertas como flores ardientes y reales también dijeron los griegos!! Cuantas cosas palpables dijo después Séneca que todavía laten como cachorros tiernos que nacen a la vida!!).
Como a través de una cerradura: mirar hacia el pasado para despertar.
Como en el cine.
Despertar a las paradojas, a  las contradicciones:
la humanidad, quizás, entonces, comprendería. Se ensancharía de un solo brinco.

desecho

Lo que no me comía se lo iba a comer otro: una tortuga atragantada, una gaviota indigesta.
La mayoría de las veces, lo que le quedaba al mar enfermo era más imponente, más drástico, más abiertamente venenoso..., más eterno.
Una eternidad de plástico: manuscrito sobre el que leerán los hombres del futuro
la barbarie de mi primitivismo.