sábado, 30 de abril de 2016

desecho

Lo que no me comía se lo iba a comer otro: una tortuga atragantada, una gaviota indigesta.
La mayoría de las veces, lo que le quedaba al mar enfermo era más imponente, más drástico, más abiertamente venenoso..., más eterno.
Una eternidad de plástico: manuscrito sobre el que leerán los hombres del futuro
la barbarie de mi primitivismo.

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