Lo que no me comía se lo iba a comer otro: una tortuga atragantada, una
gaviota indigesta.
La mayoría de las veces, lo que le quedaba al mar
enfermo era más imponente, más drástico, más abiertamente venenoso..., más
eterno.
Una eternidad de plástico: manuscrito sobre el que leerán los
hombres del futuro
la barbarie de mi primitivismo.
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