La mujer era, para los griegos, la queja, la debilidad:
una
Xantipa que desprecia Sócrates sus lágrimas.
Hoy una inglesa incesante durante el recorrido de un tren
escribe la ecuación para entender el gravitón y los fotones.
Y también, para los griegos, eran débiles los
bárbaros.
Esos mismos que siglos después nos donaron a Bach e inventaron los ferrocarriles.
(Ay!!, pero cuantas cosas aún vivas y abiertas como flores ardientes y reales también dijeron los griegos!! Cuantas cosas palpables dijo después Séneca que todavía laten como cachorros tiernos que nacen a la vida!!).
Como a través de una cerradura: mirar hacia el pasado para despertar.
Como en el cine.
Despertar a las paradojas, a
las contradicciones:
la humanidad, quizás, entonces, comprendería. Se
ensancharía de un solo brinco.
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